¡Me encantan los globos!

Imagen de wayhomestudio en Freepik

Desde pequeña me encantaron los globos. En cada fiesta de cumpleaños nos ponían a los niños de la familia a llenar los globos ¡A pulmón!

Habían unos niños con mayor habilidad que otros para la tarea. Aunque me encantaban los globos, yo no era la mejor en llenarlos ni amarrarlos. Aún así igualmente me gozaba.

En ocasiones se me soplaba la garganta y los oídos de tanto intentar llenar el globo a toda capacidad, a veces con dolor.

Los globos de latex sin inflar, se ven perfectos. Cuando los inflas, sea a tu pulmón o con ayuda de un instrumento, es que será evidente la calidad de ese globo.

Suele ocurrir que, a veces soplas y soplas… y el globo no crece al tamaño que esperabas. O ese globo enorme y precioso que logras llenar, en cuestión de minutos o de horas rebaja su tamaño dramáticamente.

La realidad es evidente ¡Ese globo tiene un escape! Cuando revisas, no ves nada y piensas que el problema es que lo anudaste algo flojo.

Luego, expones el globo a una luz… ¡y ahí está! El globo tiene un infame agujero.

Ese infame agujero era tan pequeño que a simple vista no se podía detectar. Es más fino que la punta del más afilado y diminuto alfiler.

Y te preguntas:
—¿Cómo es posible que por un agujero tan diminuto que no se ve, se escape todo el aire?

De esa misma manera, es nuestro batallar en la vida. Puede que tengamos agujeros no detectados por los cuáles se nos está escapando el aire espiritual y la vida.

Cuando no atendemos la situación exponiéndola a la luz de la verdad y el amor de Dios, no sabremos qué nos está pasando y por dónde se nos escapa la vida.

  • En ocasiones se nos escapa el aire por orgullosos. Nos creemos muy sabios o autosuficientes [Proverbios 3:7-8, Lucas 12:20-21].
  • O se nos escapa el aire por estar viviendo a la carrera, afanados y enfocados en «sobrevivir» sin detenernos a verdaderamente abrirnos a lo que Dios nos tiene que decir [Mateo 6:25-34].
  • También, se nos escapa el aire por cargas dolorosas en las que nos hemos abandonado en la oscuridad del victimismo y les hemos dado un poder inmerecido. Como el paralítico de Betesda [Juan 5:1-14].

Siempre puedes intentar soplar un nuevo globo. El elemento del aire es siempre el mismo.

EL AIRE NO DEJA DE EXISTIR. RENUEVA TU ACTITUD. INTENTALO OTRA VEZ.

JESUCRISTO ES ESE AIRE♡

– C. Z. Maldonado

Publicado por C.Z. Maldonado

Lectora empedernida y escritora por descubrimiento. Feliz esposa y madre. Educadora en temas que inciden sobre la vida, la familia y las libertades fundamentales. Conferenciante, estudiosa y comunicadora para varias plataformas en temas contemporáneos de fe, ética y política.

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